Adolescentes: la forja de la identidad

Si tienes un hijo adolescente o estás a punto de tenerlo, prepárate para experimentar unos cuantos cambios en tu vida. Lo que antes tenías bajo control va a dejar de estarlo, las relaciones padre-hijo que parecían sólidas de pronto se van a volver frágiles, los canales de comunicaciòn sufrirán cortes continuos. En algún momento incluso te puede parecer que tu hijo va hacia atrás, que está perdiendo las buenas cualidades adquiridas en la infancia.

Tal vez tu experiencia con un hijo adolescente no está siendo así, porque claramente lo estoy pintando bien feo, pero ¿te suenan alguna de estas situaciones?, ¿Sientes también que tu hijo ya no es como era y que vuestra vida ha cambiado?

La adolescencia es fundamentalmente un proceso de diferenciación del adolescente con su familia. -Y ¿para qué se quiere diferenciar de su familia?-. Sencillamente porque es el camino necesario para definir su propia identidad. Que es el verdadero fin del adolescente, aunque ni él mismo lo sepa.

Sólo si miramos al adolescente bajo este prisma comprenderemos lo que le está pasando y podremos apoyarle adecuadamente.

Por ejemplo, lo que nosotros vemos como un rechazo a la familia no es si no una forma de expresar: “Necesito saber que soy alguien con entidad propia, no una extensión vuestra”.

Esto no significa en absoluto que se vaya a producir un alejamiento definitivo, se trata más bien de tomar distancia para descubrir quién es y volver a formar parte de la familia. Aunque ya no como una prolongación, sino como un miembro diferenciado.

 

Las dos fases del proceso de diferenciación

 

  • Oposición y búsqueda de iguales: En un primer momento se da una fase de diferenciación por oposición, en ese contexto los amigos aparecen como la alternativa más cercana. “Si no soy mi familia, ¿Quién soy?. Soy como mis amigos “ hay por tanto una necesidad cognitiva de rellenar su identidad de contenido. Esto se traduce en empezar a vestir de negro o ponerse un pendiente en la nariz o teñirse el pelo de azul, en definitiva, cualquier comportamiento que vaya a obtener la aprobación de sus amigos. El adolescente tiene un fuerte su anhelo de sentirse valorado y querido en su “nuevo yo”.

En esta fase todavía no se da una búsqueda dirigida a un objetivo, de momento prima la oposición a los padres y la identificación con los amigos.

 

  • Búsqueda de la propia identidad: En una segunda fase, cuando el adolescente ha iniciado ya ese proceso de diferenciación, comienza una búsqueda de identidad menos mediatizada por los iguales, más guiada por los propios deseos. Es el momento en el que descubren los grandes ideales, que defienden con pasión porque experimentan su fuerza y su belleza. Crece en ellos un fuerte espíritu solidario y de lucha por la justicia.

Si la relación padre-hijo es importante durante toda la adolescencia, cobra especial relieve en este momento. La necesidad de diferenciarse continúa existiendo pero requiere de una orientación hacia algún objetivo. Nos podemos preguntar ¿Qué padres se va a encontrar nuestro hijo cuando nos busque?

 

Estilos de parentalidad

 

  • Estilo permisivo: Con unos padres muy permisivos el adolescente puede quedarse más anclado en la primera fase, es decir que el grupo de iguales tenga un peso excesivo en sus decisiones. Sucede cuando los padres no toman cartas en la labor de orientar, que es ardua y de fruto tardío. Son padres que ponen pocos límites, están poco atentos a las visicitudes de su hijo y cargan a su hijo con una libertad que en general no puede gestionar todavía.

Estos adolescentes no cuentan con una alternativa ofrecida por sus padres, tampoco saben hacia qué metas orientar sus aspiraciones.  Con frecuencia se quedan atrapados en comportamientos estereotipados, apropiados para su grupo de iguales, que se convierte en la única fuente de aprobación.

 

  • Estilo sobreprotector: En cambio unos padres muy controladores e hiperprotectores no estarán permitiendo a su hijo diferenciarse. La tendencia a diferenciarse es natural y necesaria para llegar a tener una identidad sana y bien definida. El adolescente que no pueda diferenciarse quedará continuamente atrapado y dará muestras de una mayor rebeldía, en casos extremos incluso pueden manifestar algún trastorno psicológico.

Son padres que ponen demasiados límites a sus hijos, desconfían de ellos y del mundo que les rodea. Viven con miedo el crecimiento de sus hijos y continúan aplicando mecanismos más apropiados para un niño pequeño.

 

Seguramente a estas alturas ya tienes claro que tú no deseas ser ni muy permisivo ni muy sobreprotector, es lógico que ahora te preguntes, ¿Entonces qué deben hacer los padres de un adolescente para ayudarle a transitar por esta etapa?

 

Duelo y bienvenida

 

Haz un duelo por tu hijo-niño, no va a volver y es fantástico que así sea. El anhelo permanente de algunos padres hacia su hijo-niño se convierte en un escollo importante para los hijos adolescentes. A estos hijos les llega el mensaje  “me gustabas más cuando eras un niño” y les genera un fuerte conflicto con su deseo natural de crecer y ser alguien.

Así pues, búscate un hueco para mirar fotos de tu hijo desde que era un bebé, permítete llorar a gusto y decirle adiós. Luego sécate las lágrimas y saca los pompones y el confeti para dar la bienvenida a tu incipiente hijo adulto.

Aunque apenas se vislumbre aún quién va a ser, exprésale lo orgulloso que te sientes de cualquier pequeña inclinación positiva que muestre. Los padres seguimos siendo un catalizador importante de la autoestima de nuestro hijo, aunque no lo muestre. El corazón del adolescente se llena con cada expresión positiva de sus padres. Responder a las necesidades afectivas de nuestro hijo, evitará que las trate de satisfacer a cualquier precio.

Gestión de las emociones

Ayúdales a identificar sus emociones y a saber qué hacer con ellas. Aquí es clave la educación emocional que haya existido en la infancia. Los adolescentes que saben nombrar sus emociones viven este proceso con menos angustia.

Si no recuerdas haber hecho especial hincapié en sus emociones cuando era pequeño, no pasa nada ¡estamos más que a tiempo!.

Igual que el cuerpo del adolescente va creciendo a trompicones, a veces de forma disarmónica, también es un momento de desarrollo de las emociones, éstas crecen en intensidad y en complejidad, también a veces de forma asíncrona.

Con frecuencia el adolescente se siente triste, o desazonado, incluso angustiado y no entiende porqué. Muchas veces no hay que buscar causas, es sólo que las emociones están creciendo como él y simplemente hacen acto de presencia.

Para una adecuada gestión de las emociones en primer lugar hay que conocerlas, para poder identificarlas adecuadamente en uno mismo y en segundo lugar saber qué hacer con ellas, darles la respuesta que están demandando con su mera aparición.

Hablar de las emociones en profundidad requeriría de un espacio en exclusiva para ello, así que, con el compromiso de ponerme a ello más adelante, de momento os dejo un título: “Emociones: una guía interna (Seriditipy)” de Leslie Greenberg. Se trata de un manual muy práctico y fácil de leer, sin perder ni un ápice de rigor científico.

 

El estrés del adolescente

Sé que resulta difícil de creer, a la vista de la actitud que mantienen la mayoría de ellos. Muchos pensaréis: -El mío ningún estrés, se pasa el día durmiendo o tumbado-, o – No se recoge ni lo suyo, antes ayudaba más-. Y sin embargo, sí, viven estresados. El mundo al que tienen que dar gusto, su minimundo de iguales, es altamente exigente. Allí no son aceptados incondicionalmente como en casa. Es importante dar la imagen adecuada, decir las frases apropiadas, ir a los planes “que molan”, en definitiva comportarse de forma que sean aceptados en el grupo. Y no caigamos en la tentación de pensar, Pues que se quede en casa el mayor tiempo posible, que aquí le queremos como es-. Estaríamos adoptando una actitud de padre sobreprotector que ya hemos visto que “no ayuda”.

La superación exitosa de la etapa adolescente pasa necesariamente por aprender a gestionar las relaciones con los amigos.

Esta vivencia estresante de su recién estrenada vida social se manifiesta en frecuentes cambios de humor; tan pronto está enfadado, apático o triste, como muestra una alegría exagerada y un optimismo disparado.

Estos estados de ánimo son la contrapartida de sus experiencias con los amigos, de forma que se entristece o enfada cuando no le han llamado para un plan al que esperaba ser invitado, o una compañera a la que consideraba amiga ya no habla con él o ella. Y al contrario si una compañera con mucho prestigio se dirige a él o ella el termómetro de la felicidad se dispara.

Es importante transmitir a nuestro hijo que entendemos que se haya quedado “chafado” porque no le han invitado a un plan, pero a la vez hay que ayudarles a hacer una lectura desdramatizante de las situaciones que vive. Normalizar el hecho de que sus acciones no siempre van a contar con la aprobación de todos sus amigos. Aportarle una visión más amplia y global del mundo exterior, que no se acaba en su grupo de amigos. El mundo es muy grande y la vida muy larga, aunque hoy le falle un amigo/a, hay muchas personas esperando conocerle.

 

Elige tus batallas

Cuando hay una tendencia continua a la oposición y a llevar la contraria, es bueno dejar algún ámbito para que lo haga y reservar lo que se considere más importante para poner límites. De esta forma reduciremos el grado de conflicto en casa.

 

Si no se le permite ni salir más allá de una hora, ni llevar pantalones rotos, ni teñirse el pelo, ni emborracharse, ni hacerse un piercing, etc, terminará quebrantando alguna de estas prohibiciones y tal vez en el ámbito más dañino para él mismo. Así pues, reserva espacios cuyo límite es infranqueable y en otros aumenta el grado de tolerancia, para que pueda ensayar su autonomía.

 

Ábreles a nuevos mundos

Anímale a descubrir sus propios gustos, aficiones, lo que se le da bien. Ábrele nuevos espacios en los que poder ir descubriendo su identidad ; voluntariado, teatro, naturaleza, etc.

Contar con diversos espacios de socialización ayuda a que los adolescentes superen mejor los problemas relacionales que antes mencionábamos. Más espacios, supone más riqueza.

 

La adolescencia no tiene porqué ser una etapa traumática para la familia. Se trata fundamentalmente de dotar al adolescente del espacio que necesita sin dejar de suministrarle la orientación y el afecto que sigue precisando. El miedo por lo que le pueda suceder a nuestro hijo y la incertidumbre por las elecciones que escoja permanecerán. Pero si conseguimos convivir con ello sin que nos paralice, podremos tomar las decisiones adecuadas para afrontar con éxito esta etapa.

 

Aprovecho este post para agradecer la acogida que está teniendo este proyecto “mamitherapy”, a la vez os animo a dejar vuestros comentarios, opiniones y peticiones. Los comentarios y mensajes que me hacéis llegar son valiosísimos para mi, me ayudan a tomar contacto con vuestras realidades, tan ricas y diversas, GRACIAS

8 respuesta a “Adolescentes: la forja de la identidad”

  1. En casa estamos pasando la barrera de la infancia a la adolescencia. ¡Gracias por tratar este tema! Cuando tienes un bebé ves tan lejos este momento, que cuando llega ¡qué sorpresa! Ya no es poner un pañal, es arropar esa “crisálida interior” de ese niño grande que va a buscar su lugar en el mundo.
    Toda ayuda es poca para recorrer este camino con los hijos.
    ¡Gracias Jasnagora!

  2. Gracias por este post.
    Te diferencias de otros puerto enfoque riguroso y profesional, se nota que además de madre conoces el tema desde el punto de vista técnico. Que lo tienes estudiado vamos!
    Me gustaría que hicieras 2 o 3 ediciones de cada tema, para que nos dé tiempo a profundizar y plantear cuestiones
    Qué os parece?

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