Los celos son buenos y te voy a contar por qué

Los celos vienen siempre de tapadillo, no anuncian su presencia a bombo y platillo: “¡Chicos, hacedme un hueco en la familia que he llegado para quedarme una temporadilla!”. No. Llegan siempre en silencio, al principio sólo se huelen y poco a poco van ganando presencia hasta que no se pueden ignorar. Además de ser silenciosos, tienen también el don del disfraz, adoptan múltiples formas haciéndonos pensar que son algo que en realidad no son.

Disfraces tiene de todo tipo: un niño que empieza a hacerse pis, cuando ya controlaba esfínteres, otro que vuelve a tener rabietas, también está el que permanece enfadado continuamente y como no, el que se muestra desafiante cada vez que le pides algo. En los niños más mayores los celos se vuelven mucho más expertos y saben enmascarar mucho mejor su presencia: un bajón en los estudios, una actitud de hostilidad mantenida, conductas de evasión, etc. Como veis a disfraces no les gana ni Mortadelo.

Todos estos comportamientos tienen en común que son disfraces que los celos utilizan para desviar la atención hacia otro lado. En realidad los celos son una emoción: “Sentimiento que aparece cuando se sospecha que otra persona recibe una atención que se considera propia” y como toda emoción, tiene su misión.


Toda emoción tiene su misión

Porque no hay emoción buena ni mala, todas están para avisarnos de algo que está sucediendo y para orientarnos sobre la mejor manera de actuar. Veámoslo con un ejemplo: Si es de noche, vas por una calle oscura y empiezas a oír unos pasos por detrás, aparece la emoción miedo, que pone a todo nuestro cuerpo en alerta y hasta podemos sentir que una voz nos susurra “corre”, o al menos “anda más deprisa”, y esa conducta nos pone a salvo de un posible peligro. Vemos, por tanto, que la misión del miedo es protegernos de las amenazas del entorno.

Os preguntaréis ahora cuál puede ser la misión de los celos, que la verdad, sólo parecen dar problemas. Pues bien la misión de los celos es  reafirmar el amor entre dos personas. No me digáis que no es una pedazo de misión, visto así, los celos, parecen el caballero andante de las emociones ¿o no?.

Los celos nos avisan de que nuestro niño necesita renovar la relación con nosotros, que el formato anterior ya no vale, se le ha quedado pequeño o inservible porque ha aparecido una  amenaza en el ambiente (con frecuencia un hermanito) que requiere reforzar esa relación.

Detrás del disfraz

El tema parece complejo pero en realidad, es sencillo. Por eso ahora que sabéis cuál es el papel de los celos en la vida de vuestros hijos, os voy a ofrecer algunas claves para detectarlos y saber qué hacer cuando aparecen:

  • Desenmascara los celos: Ya hemos dicho que suelen llegar con disfraz, así que los primero es detectarlos, saber que detrás de el comportamiento-disfraz están los celos. Os cuento algunos comportamientos que se dan con frecuencia: Dejar de controlar esfínteres, empezar a comer mal, enfadarse sin motivo aparente, mostrar rechazo a un hermanito, conductas desafiantes y negativistas, hostilidad hacia los padres, etc la lista es muy larga y no pretendo ser exhaustiva, por eso para confirmar si efectivamente son celos o no, tendremos que pasar al siguiente punto.
  • Ayuda a tu hijo a expresar sus celos: Con frecuencia los niños no saben poner nombre a eso desagradable que sienten y que les hace estar enfadados. Por eso es importante que tú le ayudes a poner nombre a su emoción, hoy en día hay materiales maravillosos para trabajar esto con los niños, pero realmente el recurso más importante eres tú. Os cuento una conversación que tuve con una de mis hijas: Cariño veo que estás enfadada, ¿qué te pasa?. Hija: Nada, déjame. Yo: ¿Estás enfada porque piensas que le hago más caso a tu hermana que a tí? (noto claramente que he captado su atención).Hija: Sí, la queréis más que a mi. Yo: Entiendo que te enfades si piensas eso, pero la verdad es que no es así, mamá te quiere mucho a ti, al máximo y también quiere mucho a tu hermana y a papá. ¿Te gustaría que hiciéramos una lista de cosas que podemos hacer juntas?. A partir de ese momento su actitud dió un vuelco, sintiéndose reafirmada en su cariño se involucró en la actividad que le propuse.
  • La palabra secreta: Evidentemente no basta con una conversación estelar para superar los celos, pero es un principio importante que les ayuda a identificar esa emoción. Para que mi hija tuviera recursos propios para superar los celos le propuse lo siguiente: “Cariño qué te parece si cada vez que sientes eso de lo que hemos hablado que se llama celos, dices arco iris, así yo ya sé que necesitas un abrazo y que te recuerde que te quiero mil mil”. Lo cierto es que a veces lo decía ella y otras lo decía yo, algo así, como “Tal vez necesitarías un arco iris ahora” y siempre era bien recibido ese abrazo.
  • Crear un nuevo espacio: Como ya he dicho los celos nos están avisando de que nuestro hijo necesita un nuevo espacio para compartir con nosotros y con nadie más. En ese espacio la relación es exclusiva, no cabe nadie más, si ese espacio existe y se protege, nuestro hijo se sentirá seguro y no necesitará que le estemos recordando constantemente que le queremos, tampoco necesitará compararse con los demás porque él sabe quién es y lo que vale. Ese espacio se construye con actividades concretas,  cada hijo debe contar con momentos del día o de la semana que se les dedique sólo a ellos. Además se deben evitar algunas prácticas como comparar a unos hijos con otros, alabar a otros para dejar en evidencia sus carencias («mira el vecino como ayuda a su mamá»), criticarles delante de sus hermanos, etc.
  • Enseñar a pedir lo que uno necesita: Enseñemos a nuestros hijos a ser sencillos, realmente ellos ya lo son, pero al contacto con el mundo adulto se vuelven complicados. Somos padres imperfectos y a veces se nos pueden pasar por alto sus necesidades, así que enseñemos a nuestros hijos a expresar estoy triste, necesito un abrazo, o estoy preocupado ¿podemos hablar?.

  • Crea lazos entre hermanos llenos de cariño: Ayudemos a nuestros hijos a mirarse unos a otros desde el cariño y el apoyo, los hermanos no son competidores si no personas que te van a acompañar y a querer toda la vida. El éxito de uno es el éxito de todos, para ello involucremos a todos los hermanos en la alabanza: “Cariño has visto tu hermana qué bien lee ya?, que suerte tienes, podrá leerte cuentos”. También cuando les pasan cosas buenas, el caso típico es cuando a un hermano le invitan a un cumpleaños : “Qué suerte que a tu hermano le toca cumple, se lo va a pasar muy bien, ¿Te acuerdas que tú también tuviste cumple y te lo pasaste pipa?, ¡pues ahora se lo pasará bien él»

Los celos: hola y adiós

Como toda emoción, los celos no siempre ayudan a reforzar el amor, a veces se convierten en emociones desadaptativas, es decir, que en lugar de ayudarnos, nos dan problemas. Es el caso de los celos patológicos, más frecuentes en relaciones de pareja. En esos casos sería necesaria la intervención de un profesional. Pero en los niños lo que suele suceder es que nadie atiende la petición de los celos y por eso su presencia se prolonga más de lo necesario.

Si aprendemos a gestionar bien los celos, les diremos “Hola, ¿qué tal?” cuando lleguen, escucharemos lo que tienen que decirnos, pondremos los medios necesarios y terminaremos con un “¡adios amigo, ya no te necesitamos!”

Espero que os haya resultado útil este post, si es así os agradeceré que lo compartáis ;), podéis hacerlo más abajo. Y ya sabéis que cualquier duda que os surja, estoy a vuestra disposición en instagram @mamitherapy

Lectodisfrutones: cuando leer es un placer

Todos sabemos que la lectura es un hábito muy deseable, pero ¿Qué hacemos para que nuestros hijos lean?, ¿Cómo hacemos para que nuestros hijos disfruten leyendo?. En este post ofreceremos las claves para responder a estas preguntas

Hablar de las bondades de la lectura es “regar sobre mojado”, porque vosotros, padres comprometidos con la educación de vuestros hijos, sabéis de sobra que unos niños que leen, son unos niños que viven la vida en realidad aumentada.

No voy a detenerme a hablar de los muchos beneficios de la lectura a nivel neurológico, porque seguramente los conocéis mejor que yo, pero os diré algo de lo que pocas veces se habla. Un niño que lee ha vivido ya varias vidas, comprende mejor a los demás porque ha experimentado qué sienten los personajes de sus libros, ha sufrido los problemas junto a sus protagonistas  y los ha superado con ellos.

Charlotte Brontë, gran novelista del s. XIX, vivió gran parte de su corta vida en el rectorado de Haworth, junto a su padre, clérigo y sus hermanas. Tan apenas tuvo contacto con el mundo exterior, nadie se explica cómo pudo escribir algunas de las mejores obras de su siglo (Jane Eyre, Cumbres borrascosas, etc). Lo cierto es que los libros fueron para ella una ventana a la realidad, una potente conexión con el mundo y sus gentes.

Pero ya hemos dicho que a vosotros todos estos argumentos os sobran porque ya estáis convencidos de que es bueno que vuestros hijos lean. La cuestión es ¿Qué hacemos para que nuestros hijos lean?, o mejor dicho, reformulo, ¿Qué hacemos para que nuestros hijos disfruten leyendo?

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Hijos bien integrados, ¿de qué depende?

Ya estamos dejando atrás la tan emblemática “vuelta al cole”. Con multitud de sensaciones en la galaxia escolar, madres que se sienten liberadas, otras con pena,  niños con absoluta desgana, otros con ilusión, y ¡qué decir de los profes! También hay de todo, ilusión, ganas, miedo….

Los primeros días del cole en nuestra casa también hubo de todo, uno vino muy contento porque se lo había pasado super bien, otra llegó “carilarga” porque su requeteamigadelalma ya no habla con ella…, pues eso, de todo un poco.

Con los años voy viendo que algunas situaciones se repiten un año tras otro. La primera vez que mi hijo mayor vino diciendo que le habían pegado en el cole se me hizo un pequeño nudo en el corazón, sabía que era una tontería, pero la verdad es que me dolió más a mí que a él.

Todos los padres queremos que nuestros hijos estén bien integrados en sus clases, en sus grupos de amigos. No necesitamos que sean niños populares, pero sí que sean queridos. Con frecuencia pensamos que eso depende de la suerte que tengan con el grupo de clase.

En este post, me gustaría daros algunas claves para que vosotros, padres, os convirtáis en el mejor recurso que tiene vuestro hijo para estar bien integrado en clase.

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Adolescentes: la forja de la identidad

Si tienes un hijo adolescente o estás a punto de tenerlo, prepárate para experimentar unos cuantos cambios en tu vida. Lo que antes tenías bajo control va a dejar de estarlo, las relaciones padre-hijo que parecían sólidas de pronto se van a volver frágiles, los canales de comunicaciòn sufrirán cortes continuos. En algún momento incluso te puede parecer que tu hijo va hacia atrás, que está perdiendo las buenas cualidades adquiridas en la infancia.

Tal vez tu experiencia con un hijo adolescente no está siendo así, porque claramente lo estoy pintando bien feo, pero ¿te suenan alguna de estas situaciones?, ¿Sientes también que tu hijo ya no es como era y que vuestra vida ha cambiado?

La adolescencia es fundamentalmente un proceso de diferenciación del adolescente con su familia. -Y ¿para qué se quiere diferenciar de su familia?-. Sencillamente porque es el camino necesario para definir su propia identidad. Que es el verdadero fin del adolescente, aunque ni él mismo lo sepa.

Sólo si miramos al adolescente bajo este prisma comprenderemos lo que le está pasando y podremos apoyarle adecuadamente.

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Hijos solidarios: mentes abiertas, corazones generosos

Cuando todos los días pasas por las mismas calles es fácil que las personas que encuentras por el camino terminen resultando familiares, a veces incluso forman parte del paisaje urbano. Las personas sin hogar o que por cualquier causa están “pidiendo” no son una excepción.

Me he dado cuenta de que mis hijos ven cosas que yo no veo y, pensándolo, eso multiplica enormemente el campo de visión de la familia.

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Los bebés lloran (sí o sí)

Cuando llega el primer bebé a una familia, entra un mundo nuevo de teorías y corrientes sobre maternidad y crianza.

Ya desde el hospital comienzan a ganar espacio en nuestras vidas cuestiones importantes como la lactancia, con toda la carga emocional que implica, y otras menores como el baño y los pañales.

Uno de los temas que entra con fuerza es el llanto del bebé y qué hacer cuando sucede.

Cuando yo tuve mi primer bebé algunos expertos decían que no había que dejar llorar al bebé, aseguraban que podía ser traumático para él e incluso no dudaban en tildar de crueldad el acto (que en realidad sería la omisión) de permitir que el bebé llorara.

Así que, como muchas otras mamás, me dije a mí misma que no le dejaría llorar. Pronto descubrí que mi bebé lloraba, por hambre, por sueño, por malestar, por calor, por cólicos y veía con frustración que en infinidad de situaciones cotidianas no podía hacer nada por evitarlo.

Cuando iba en el coche o en el autobús o tenía que hacer la comida o ducharme y mi pequeño empezaba a llorar, sonaba en mi cabeza como un disco rayado: «que no llore» , «se va a traumatizar,» «así no puedes ser una buena madre» y crecían la ansiedad y el miedo por el oscuro futuro que le esperaba a mi niño llorón. No hacía más que preguntarme cómo lo harían las mamás que tenían más de un hijo.

Y así día tras día, además de un bebé llorón pronto apareció una mamá angustiada y estresada.

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Qué hacer en verano con los niños

¡Mil cosas! Sería la respuesta entusiasta de muchas mamás, incluso podría incluirme en ese coro.
10 veranos con niños dan para mucho y si algo he comprobado es que las mil y una opciones disponibles no garantizan un verano entretenido, en parte porque con tantas opciones es más difícil elegir y en parte porque no basta con que algo se pueda hacer, además hay que hacerlo.

El caos tiende a estar presente de forma natural en el verano y después de la rigidez del curso escolar, hasta se agradece. Sin embargo el caos de por sí tiende a aumentar y si no está sujeto a ningún control termina siendo más agobiante que el estrés del día a día.

Siempre he admirado profundamente a esas mamás que en un momento organizan una actividad de manualidades o se ponen el delantal e improvisan una clase de máster chef con los niños pringandose y disfrutando.

La verdad, yo no soy muy habilidosa, tampoco tengo una gran imaginación y de paciencia en la cocina voy justita, por eso cuando he intentado hacer cosas con los niños, o me faltaban los materiales o no tenía los ingredientes o me ponía a buscar recetas y buscando, buscando se me pasaba el rato…

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