Hijos solidarios: mentes abiertas, corazones generosos

Cuando todos los días pasas por las mismas calles es fácil que las personas que encuentras por el camino terminen resultando familiares, a veces incluso forman parte del paisaje urbano. Las personas sin hogar o que por cualquier causa están “pidiendo” no son una excepción.

Me he dado cuenta de que mis hijos ven cosas que yo no veo y, pensándolo, eso multiplica enormemente el campo de visión de la familia.

Pude comprobar que así era un buen día, hace ya unos años, iba conduciendo con mis tres hijos mayores detrás, abstraída en mis pensamientos que discurrían entre lo que haría para cenar esa noche y la pila de ropa que me esperaba en casa, y de pronto, – mamá, ese señor-, señala un hombre mayor que va entre los coches pidiendo, – ¿Tiene casa? ¿Quién le cuida? ¿Por qué no tiene dinero? Y en mi mente se abre el foco, ahora hay pila de ropa, la cena y el señor pidiendo y me esfuerzo por darle una respuesta, pronto me doy cuenta de que no la tengo… En ese momento pongo en marcha un recurso cutre pero útil, utilizo el comodín “pospongo”, – Marcos cariño, ahora mismo no lo sé, pero te prometo que lo voy a investigar y lo volveremos a hablar-.

 

¿De qué quiero llenar el corazón de mi hijo?

Los niños tienen una sensibilidad excepcional para reparar en las discrepancias, lo que es diferente y lejos de evitarlo, como hacemos los adultos, se detienen, lo contemplan y preguntan.

Mi hijo preguntándome es un lienzo  blanco que me brinda la oportunidad de pintar lo que quiera, que me ofrece su corazón puro para que le diga de qué cosas lo tiene que llenar.

Y ¿de qué lo quiero llenar?

La solidaridad, la ayuda desinteresada, el altruismo, son aspectos a educar en el corazón y la mente de nuestros hijos.

Ante realidades de pobreza y enfermedad podemos reaccionar de modos muy diversos, se abre la opción de cambiar de tema, mirar hacia otro lado, ¿A quién le apetece hablar de pobreza y sufrimiento una tarde de verano que vas a la piscina?. Con esta opción, apetecible sin duda, estaremos mandando mensajes de indiferencia hacia el que sufre. Nuestro hijo irá borrando conexiones con esa realidad y reducirá su foco de visión, tan increíblemente amplio y abarcante.

Pero ¿Qué sucede si decidimos afrontar este tema con ellos? Y mejor aún, ¿Cómo podemos hacerlo?.

 

Los colores de la solidaridad : empatía, generosidad y responsabilidad

 

En la base de la solidaridad está la empatía, y si seguimos explorando nos encontramos con la generosidad, luego llegará la responsabilidad y por supuesto la satisfacción personal de ver cómo alguien mejora por tu acción.

La empatía y la sensibilidad hacia los demás hay que trabajarlas sobre el terreno, no con teorías, sino aprovechando que está ese señor, al que le falta un brazo, pidiendo, o esa niña que ya es mayorcita y va en carro con un gesto diferente o una señora mayor que camina muy despacito.

-¿Te has dado cuenta de que a ese señor le falta un brazo, verdad?-, nuestro hijo nos mirará con cautela, sin saber muy bien qué debe pensar al respecto y seguiremos,  – a lo mejor no puede trabajar o no tiene casa-, ellos pueden participar en ese “juego” de mirar al otro tratando de ponerse en su lugar, se les ocurrirán mil situaciones y todas son buenas porque nacen del esfuerzo de dejar su pensamiento egocéntrico y volcarse al exterior.

La generosidad se traduce en acciones concretas

La generosidad comienza con el deseo de dar respuesta a la necesidad ajena, pero para que se mantenga hay que darle forma, concretarla en acciones.

Y ¿Qué acciones solidarias puede llevar a cabo un niño? El voluntariado ofrece un enorme abanico de actividades para adolescentes y jóvenes, en el caso de los niños tendremos que buscar en nuestro entorno más cercano. Pensemos si a nuestro alrededor hay una tía que está bastante sola porque no tiene quien la visite, podemos proponerle a nuestro hijo ir a verla, aunque sea para volver a oír las mismas historias de la última visita. Otro escenario posible puede ser un vecino que no tiene nietos o apenas le van a ver, le podremos hacer un bizcocho con nuestro hijo y llevárselo.

Hay otras muchas acciones que se pueden emprender con un poco de creatividad, como cantar villancicos en una residencia de ancianos, llevar juguetes a una familia con pocos recursos, etc. En cualquier caso lo importante será que el niño vea la relación causa efecto entre su acción y el bien que hace y se implique personalmente.  

 

Sentido de responsabilidad

A veces los padres queremos empezar a construir la solidaridad por el tejado, ¿quién no ha vivido en casa situaciones como la que sigue?, un hijo que no quiere terminarse la comida y después de varios argumentos te oyes a ti misma diciendo: – termínate toda la comida que hay niños que no tienen qué comer- entonces nuestro hijo confuso al principio, feliz después, nos dice que si es por él termina ya mismo con el hambre en el mundo dando toda su comida, y  marcha atrás : – no, eso no es posible porque están muy lejos – y él continúa: – ¿entonces qué tiene que ver?-. Nos olvidamos de que nosotros hemos llegado a esa conclusión después de recorrer un camino.

Cuando un niño convierte en hábito la ayuda desinteresada a los demás, aparece un sentido de responsabilidad hacia las cosas dadas y un sentimiento de gratitud hacia los demás.

Un niño que no aparta la mirada del “pobre”, que con su acción generosa ha ido construyendo un mundo mejor, crece con la conciencia de que todo lo que tiene es prestado, se siente afortunado porque sabe que podría no tenerlo y hace un buen uso de ello, sin malgastar, ni derrochar.

Pero para llegar ahí, ahora toca decidir qué pongo en el corazón de mi hijo cuando su mirada descubre la pobreza en el otro.

 

Y ¿qué pasa con las personas que están a nuestro lado y sufren situaciones dolorosas? Unos padres del cole que se están divorciando, unos amigos que tienen un hijo con dificultades de algún tipo, unos vecinos con alguna discapacidad o enfermedad, ¿Es mejor ocultar o edulcorar estas situaciones a nuestros hijos?, ¿evitarles el contacto con el dolor el mayor tiempo posible?

Seguro que os viene a la cabeza alguna otra situación cercana que estáis viviendo ahora mismo, ¡os animo a compartirla aquí mismo! Conocer más realidades me ayuda a escribir con más realismo, ¡gracias de antemano!

11 respuesta a “Hijos solidarios: mentes abiertas, corazones generosos”

  1. Muy buen texto Jasnagora. Me ha gustado mucho la importancia que le das al tema y cómo implicar a nuestros hijos.
    Para mí ocultar y edulcorar( como dices tú) son las peores reacciones que podemos tener en nuestro papel de padres educadores.

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