La soledad de la vida en pareja

Algo tiene la soledad, que nadie quiere permanecer en ella mucho tiempo, incluso la intentamos evitar cuando la vemos venir a lo lejos por el camino. Una y otra vez buscamos el contacto, la cercanía con las personas. Lo buscamos por aire, por mar o por tierra. Con gritos, reproches o descalificaciones. Da igual, es mejor estar mal con alguien que estar solo.

Eso no lo digo yo, lo dicen los millones de hombres y mujeres que a diario prefieren un contacto desabrido que el frío de la indiferencia. El 75 % de las personas que se divorcian se vuelven a casar. Y sí, ya se, es mejor estar solo que mal acompañado, pero vamos más allá de esta obviedad,  porque la teoría es preciosa, lustrosa. Pero la realidad es que ese que estaba  “mejor solo que mal acompañado” vuelve a intentar buscar compañía, una y otra vez porque intuye que no está hecho para la soledad, si no para la conexión.

Y esa necesidad tan grande de proximidad, ¿es cuestión de madurez? ¿Mejora con la edad?, podemos pensar que lo más maduro es no tener una necesidad tan grande, hacerla un poco más pequeña y manejable. Hasta podemos creer que una vida plena es una vida con pocas necesidades afectivas y bien satisfechas. Y estaremos errando el tiro profundamente.

 

“Toda relación gira en torno a la necesidad básica de vinculación afectiva y el miedo a perderla” (Sue Johnson). Una vida de pareja plena pasa por reconocer la propia dependencia, no como un lastre, sino como el motor que me empuja a vincularme al otro. La dependencia emocional, por tanto no es signo de debilidad, sino requisito para llegar a lo más alto del amor.

Vínculo seguro: Más preciado que el oro

Cuando las tormentas de la vida te salpican, ¿a quién acudes?, ¿Es tu pareja el lugar seguro en el que reponer y coger fuerzas?. A lo mejor te has acostumbrado a “tragarte” sola tus problemas porque él no suele estar ahí para ti, o se lo cuentas todo a tu madre o a una amiga porque él te oye, pero no te escucha.

También él se puede haber acostumbrado a meter en un cajón las preocupaciones y no compartirlas contigo, tal vez lo haga con un compañero o tal vez con nadie.

 

Las personas que cuentan con un vínculo seguro en su relación tienen los mismos problemas que los demás, pero cuentan con un amarre seguro al que anclarse. Discuten con sus parejas igual que todos, pero no tiemblan los cimientos, ambos saben que lo fundamental se preserva.

Cuando te sientes seguro, estás más preparado para descubrir los regalos que la vida te ofrece, oportunidades para crecer, experiencias para vivir. Porque “Cuanto más capaces somos de recurrir a nuestra pareja, más independientes nos sentimos”. (Sue Johnson)

 

Lo veo y lo quiero

 

Si piensas que tu relación de pareja se aleja un poco o un mucho de ese amarre seguro, incondicional e implicado, sigue leyendo. A continuación veremos los pasos básicos que puedes dar y repasar para ir construyendo ese buque sólido.

1. Detecta las discusiones interminables: Tal vez no os habéis dado cuenta pero vuestras discusiones siguen un patrón muy similar que se repite una y otra vez. Uno de los dos suele increpar más al otro, buscando una reacción (que no se produce) y el otro necesita poner distancia, pareciendo indiferente o despreocupado. Esta aparente desafección irrita más al otro, que sube la intensidad de su discurso y éste, que no soporta tanta carga emocional, pone más distancia todavía. Nada le resulta indiferente en realidad pero no sabe cómo manejar una batería emocional tan tremenda y se distancia como única forma de sobrevivir, con la esperanza de que el otro termine calmándose. ¿Os suena algo de esto?. Intenta trasladar este breve análisis a tu relación de pareja, y reconstruye vuestra pelea interminable.

 

2. Expresa al otro la emoción que subyace en cada momento de la pelea: No me refiero a “estoy enfada”, eso es obvio, pero ¿qué más hay?: “Siento que no le importa lo que digo”, “Parece que nunca soy suficientemente bueno para ella”, etc

3. Acoge con cariño máximo la expresión del otro: El momento clave está ahí, cuando el otro valientemente decide expresar su vulnerabilidad. Una respuesta que re-asegure y aliente al otro, serán los primeros ladrillos del vínculo seguro. Lo contrario, lógicamente, será dinamita que hará más difícil cualquier otro intento de reconstrucción.

4. Nuevas sintonías: En este punto ya hemos logrado arrebatar poder a las peleas interminables que se adueñaban de los dos. Ahora podemos crear nuevas formas de relacionarnos. ¿Cómo? Hablando desde la necesidad sincera y el anhelo más profundo. Así cuando estés agotada por llevar toda la tarde con los niños, no recibirás a tu marido súper enfadada, haciéndole culpable de casi todos los males del planeta, si no que podrás pensar en lo que necesitas y decírselo: “Cariño estoy agotada, se que tú también, pero no puedo más, necesito que me des el relevo un rato”. Así será más fácil para tu marido acoger esa petición que un rugido del tipo: “¡Cada vez llegas más tarde, es que no te das cuenta de que llevo toda la tarde con los niños!”

Los pasos que os he mostrado son una simplificación enorme del método TFE (Terapia de pareja focalizada en las emociones), creado por la Dra. Sue Johnson. La Asociación Americana de Psicología recomienda este modelo como el tratamiento más eficaz científicamente demostrado para abordar el malestar en el matrimonio.

La terapia de pareja es un recurso necesario para gran parte de las parejas en algún momento de su ciclo vital, a veces de forma preventiva y otras como la única opción antes de llegar al “desastre” o de que el “desastre” empeore.

Pero todas las parejas debemos trabajar en mejorar nuestra relación. Esto no es una opción del tipo: ¿Tú que prefieres una relación de pareja high level o una normalilla?. No, la cosa no va así. En las relaciones de pareja, cuando no se avanza se retrocede, no existe el botón de pausa. No hacer nada supone elegir el retroceso en tu relación.

 

Como podéis imaginar, el método parece sencillo, pero luego surgen mil y una dificultades, os propongo que me contéis qué cosillas se os hacen más bolo, y trataré de ir elaborando posts en los que profundice en aspectos concretos, y aparte resolver cualquier duda personal que os surja.

Podéis escribirme a través de instagram @mamitherapy o al correo electrónico jasnagorad@gmail.com

4 respuesta a “La soledad de la vida en pareja”

  1. Gracias por recordarme lo afortunada que soy al contar siempre con el amarre de mi marido, para que juntos, pase lo que pase, luchemos por seguir creciendo; y no por nuestros méritos, sino porque la Fuente nunca falla, y no hace temblar los cimientos.

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