Tareas domésticas: más allá de la igualdad

Lavori di casa, suena mejor en italiano, ¿no creéis?, parece casi una ocupación profesional. En italiano o en español, lo cierto es que esta actividad  ocupa un espacio importante de nuestras vidas. Aunque tengas la suerte de contar con ayuda, da igual, sigue haciendo falta que alguien recoja un juguete que «nadie» ha sacado, una toalla que está mojando la cama, unas incómodas miguillas en el sofá, etc.

Si antes de casarte vivías en un mundo mágico, en el que dejabas las cosas en cualquier lado y luego aparecían colocadas en el armario, no te preocupes, puedes seguir viviendo en ese mundo fantástico, en el que todo fluye, pero ahora el mago eres tú.

Las cosas de la casa nos ofrecen múltiples oportunidades de construir el cariño o de matarlo poco a poco. Sí, es posible que parejas con una buena relación, terminen tirándose los trastos a la cabeza por no saber gestionar bien el cuidado de la casa.

 

De la igualdad a la totalidad

¿Cuál os parece la solución más razonable? UN 50/50, ¿mitad cada uno?, es muy equitativo, muy justo también. ¿Dónde ponemos la mitad?, ¿media cama cada uno?, tú haces el primer plato y yo el segundo, a mí me toca el baño, a ti la cocina. Aunque, no sé, la cocina vale por lo menos por dos baños, ¿no?.

Y ¿80/20, qué tal?, el que trabaje fuera de casa 20 y el que está en casa 80. También parece equitativo. Pero oye igual el que está en casa preferiría trabajar fuera y el que trabaja fuera puede hacerlo gracias al que no trabaja. Entonces,¿qué?. O tal vez el que está en casa hace todo menos la cena, por aquello de dejarle el 20 y el otro llega a las diez del trabajo sin la cena hecha y que se aguante, que tiene que hacer su 20….

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En fin, ya se ve que lejos de ser una solución, estas medidas calculistas multiplican los problemas, más que solucionarlos.

La medida del amor es 100/100, Sí, sí , habéis leído bien, los dos al 100%. No sé si es matemáticamente posible, pero es vitalmente necesario.

Esa es la clave. Una actitud en la que si puedo hacer algo lo hago, no me planteo lo que hace el otro, ni si yo ya he hecho demasiado.  Si estoy y puedo, sencillamente lo hago. Este criterio parece simple, pero para poder llevarlo a la práctica hacen falta dos cosas: Confianza y Sinceridad.

1. Confianza que permita no tener que andar contabilizando lo que hemos hecho cada uno  porque confías en que el otro ha hecho lo que ha podido. La confianza no llega sola, se construye, pieza a pieza, con acciones concretas y una disposición abierta, sin prejuicios. Cada vez que haces algo de la casa, sencillamente porque puedes y estás ahí, pones un ladrillo y cada vez que te dices a ti mismo, si no ha puesto esa lavadora es porque no ha podido, pones otro.

2. Sinceridad para expresar en un momento dado que estoy cansado y no me dan las fuerzas para nada más, o que he tenido un mal día y necesito  un rato de desconexión.

 

Ideas top para parejas 100/100

1. Es bueno especializar las tareas, pero sin rigidez, por ejemplo, mi marido y yo cuando vamos a salir de viaje o de excursión (momento que históricamente ha sido de tensión), él se encarga de hacer la cocina, la comida y avituallamiento y yo de hacer camas y vestir niños o supervisar ropas. Ya sabemos que es así y nos da cierta seguridad saber lo que tenemos hacer.

2. Evitar echar cosas en cara sobre la tarea que ha hecho el otro. Por ejemplo en la situación que os cuento, si mi marido se ha olvidado el ketchup para las salchichas frankfurt (reconoceréis que es vital) intento no reprochárselo (a veces lo consigo y otras no). Porque ese tipo de reproches minan la seguridad del otro y le predisponen negativamente hacia la próxima tarea que tenga que realizar.

3. Encontrar el umbral de limpieza y orden común. Seguramente uno de los dos le da más importancia a la limpieza que el otro y no es mejor una postura que la otra, me ha costado tiempo entenderlo pero es así, siempre que se llegue a un nivel mínimo de higiene, (lo cual seguro que superáis ambos). Así pues, el que tiene el umbral más bajo tiene que dejarse ayudar por el otro, tal vez nunca ha limpiado un baño y aunque parece fácil, os sorprendería saber las mil variantes que hay de hacer un baño. Y el otro tiene que flexibilizar su criterio, relativizando su propio concepto de limpieza. Con el tiempo ambos irán cambiando su concepto de un baño limpio, uno a la alza y otro a la baja, llegando a un punto de encuentro.

4. Hablar con el otro las 3 cosas que más te molestan, si hay más de tres, hay que autorevisarse y tratar de reducir. Por ejemplo, dejar una toalla mojada en una cama. o dejar un delantal tirado en cualquier lugar de la casa. Y ambos os tenéis que comprometer a esforzaros en esos tres puntos del otro.

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Construyendo el amor

Lo cierto es que muchas veces el verdadero problema no es el orden y la limpieza, sino el mensaje implícito. Por ejemplo si tu pareja vuelve a dejar por enésima vez los zapatos fuera de su sitio, quizás lo que verdaderamente te duela no es el desorden sino que te ignoren completamente. Y si le vuelves a gritar por haberlo hecho, seguramente a él lo que le molesta no es que le pidas ordenar sus zapatos, si no que le cuestiones y te importen más unos zapatos que tratarle con cariño.

Por eso la clave está en trabajar la propia actitud para llegar a ese 100/100, y no en conseguir una distribución de tareas óptima y súper eficaz.

Aunque seguramente con el 100/100 seréis capaces de crear el mejor planning de tareas posible.

Y lo que es mejor, las tareas de la casa se convertirán en oportunidades de poner ladrillos en el castillo de vuestro amor.

8 respuesta a “Tareas domésticas: más allá de la igualdad”

  1. Extraordinario, útil y lleno de sentido común, como siempre. Pero esta vez, además, tan sencillo de comprender y de (intentar) llevar a cabo, que estoy por imprimirlo y ¡ ponerlo en mi nevera con imanes! Enhorabuena.
    Me apunto ese 100/100 y el buscar el punto medio. La verdad es que conocer a tu pareja hasta ese punto implica un nivel de diálogo y confianza que da mucha seguridad.
    Cómo siempre ¡gracias Jas ágora!

  2. Jasnagora! El otro día mi marido y yo reflexionabamos sobre esto, el «no reparto», saber que hay un mínimo e ir haciendo juntos justamente, cada uno en la medida que puede.
    Aunq reconozco que hay tareas invisibles que solo existen en mi organización mental, como cambiar la toalla de manos, revisar si hacen falta pañales o crema de culete, …

    1. Tienes toda la razón,para mi forman parte de la especialización, pero si desborda no está mal dar una máster class sobre reposición de pañales, toallitas, cambio de sabanas, etc lo cierto es que a mí se me escapan muchas cosas del coche o de la renta porque se encarga él. Pero procuramos acompañarnos el uno al otro.

  3. Un artículo muy interesante, pero más importante con el amor y cariño con que se realiza, con ejemplos y situaciones reales que ocurren en muchas parejas ya sea de una forma u otra. Artículo muy práctico que ayuda mucho a que las parejas puedan ayudarse a gestionar la comunicación y fluidez de la organización del hogar,
    Muchas gracias, una labor admirable!
    BGC

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